Conocer sobre marketing de videojuegos es importante no sólo para quienes se dedican en específico a esta actividad, sino para todo publicitario del mundo online, porque se trata de un rubro que se encuentra sin lugar a dudas a la vanguardia en lo que hace a aplicar nuevas tecnologías al servicio del marketing.

Los desarrolladores de videojuegos online son expertos en atrapar el interés del usuario durante las sesiones de juego, así como también en el arte de hacerlo retornar, para que el vínculo con la marca se prolongue. Es decir que trabajan tanto sobre la atención como sobre la memoria, y es sorprendente el nivel de engagement que obtienen con los jugadores. Ningún otro modelo de negocio consigue involucrar a sus usuarios o clientes tanto como para hacer que le dediquen varias horas de sus vidas, con asiduidad diaria.

Videojuegos para todas las edades

Uno de los aspectos que hace de ciertos videojuegos un éxito y que no podemos dejar de mencionar es el hecho de que consiguen abarcar una franja etaria muy amplia. Es cada vez más común que tanto niños, como adolescentes y adultos tengan el hábito de jugar online, ya sea desde la PC, el móvil o la consola, lo cual va de la mano con el fenómeno de la aparición del mercado de los kidults: adultos que muestran consumos que otrora eran considerados exclusivos de los niños. El resultado es que no sólo se obtiene una clientela muy amplia, sino que el producto tiene la posibilidad de perpetuarse transgeneracionalmente.

Marketing de videojuegos

¿Cómo hacen marketing?

Algunos factores del éxito de los videojuegos actuales, y que pueden ser aplicados en toda clase de acción publicitaria online son los siguientes:

– Interactividad. Por definición, todo juego es interactivo: el usuario tiene la posibilidad de tomar decisiones y cada una de esas decisiones tiene un efecto inmediato. La interactividad es tan eficaz para mantener la atención que es cada vez más puesta en juego en campañas publicitarias para toda clase de productos y servicios con éxito. Por tan sólo mencionar dos ejemplos, recordemos los logos de Google que consistieron en pequeños videojuegos, o las campañas de videos en YouTube Deliver me to Hell y A hunter shoots a bear. A esta tendencia se la conoce con el nombre de gamification.

– Remarketing. Una experiencia satisfactoria en una sesión de juego puede no ser suficiente para que un usuario retorne cada cierto tiempo a jugar de nuevo. Y como hemos mencionado en nuestro artículo sobre el remarketing, el público en general requiere varios contactos con la marca antes de concretar una compra. Por eso, se torna fundamental crear y mantener canales de comunicación con quienes ya han tenido algún contacto con el juego para “recordarles” regresar. Un caso ejemplar es el de los juegos de Facebook: los logros de nuestros amigos en el juego se convierten en notificaciones instantáneas que continuamente nos invitan al juego y nos estimulan a volver a participar.

– Socialización. Ningún juego online que se precie de tal carece del aspecto social, ya que fomenta la viralidad (atrayendo nuevos usuarios) y estimula la competencia. Muchos retornan a un juego o bien para alcanzar y superar a un competidor, o bien porque han sido superados por un competidor. En la actualidad muchos juegos en Facebook ponen dentro de su dinámica, como requisito indispensable para avanzar, invitar a nuevos jugadores, algo que entra dentro de lo que se conoce como “marketing multinivel”, “marketing de redes” o “marketing de referidos”, modelo que nunca fue tan efectivo como en estos casos.

– Experiencia. Para atrapar al jugador, muchos videojuegos online ponen en práctica el “marketing de experiencias”: brindan contenidos extra gratuitos que no tienen otro objeto que el de envolvernos en la cultura y en la mística de la marca. Es por esto que suelen estar acompañados por una historia o guión, incluso cuando no son necesarios para la dinámica del juego. La construcción de personajes con historias de vida contribuye, asimismo, a producir empatía. Pero los contenidos pueden no limitarse a eso y ser literalmente cualquier cosa: wallpapers, temas musicales, animaciones, cómics, videoclips y demás, que extienden y refuerzan la identidad de marca. Deben distinguirse del merchandising en que no constituyen un negocio por sí mismos.

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