Recientemente las redes sociales, blogs y medios informativos nos sorprendieron con la noticia de que en Los Angeles, California, abrió sus puertas un local llamado Dumb Starbucks (“Starbucks Tonto”), que replica con precisión a los locales de Starbucks, pero con esa curiosa variación en el nombre. La palabra “Dumb” también aparece en el menú de la cafetería, de forma tal que en lugar de un “Caramel Macchiato”, en Dumb Starbucks nos encontramos con el “Dumb Caramel Macchiato”. Un video en YouTube explica que el emprendimiento pertenece a Nathan Fielder, un comediante canadiense:

De acuerdo a Nathan, la utilización del nombre y del logo de Starbucks es legal debido a que se utiliza en sentido paródico y no para suplantar a los Starbucks reales, por lo que no estaría violando derechos de copyright. La ocurrencia es sorprendente y única, ya que no existen precedentes de alguna acción similar. Sólo se puede hacer referencia quizá al litigio que mantuvo Louis Vuitton con un fabricante de juguetes para perros, Haute Diggity Dog. Esta empresa había fabricado un juguete con forma de cartera llamada “Chewy Vuitton”, en obvia referencia paródica a la afamada marca. Louis Vuitton finalmente perdió el caso, pero lo curioso y particular de Dumb Starbucks es que compite directamente con la marca a la que está parodiando, de manera tal que la apropiación del logo y del nombre de la marca Starbucks le está sin duda sirviendo para su propio éxito comercial.

La apertura del local fue realizada inteligentemente durante un viernes cuando las cortes federales estaban cerradas, lo que permitió a Dumb Starbucks mantener sus puertas abiertas durante todo un fin de semana, a la vez que la noticia se propagaba viralmente en redes sociales. Luego de cuatro días de actividad, el local debió cerrar, pero no por infracciones de copyright, sino por salud pública. Dumb Starbucks no contaba con los permisos necesarios para vender comestibles, y de nada valió el argumento, enarbolado por Nathan, de que el emprendimiento consiste en una “galería de arte”, en la que el arte a la venta es el café. Será sin duda interesante ver cómo continúa esta historia.

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