Las redes sociales han generado algunos negocios inesperados, como la compra de seguidores o fans. En lo que a Twitter respecta, el negocio ha adquirido dimensiones sorprendentes por la cantidad y precios a los que se ofrecen los seguidores. Podemos comprar seguidores Twitter en marketplaces como Ebay o MercadoLibre, o en sitios como compraseguidores.com. Estos seguidores generalmente son cuentas creadas ad hoc, con fotos y biografías realistas. Me tomé la libertad de comprobar el funcionamiento de estos servicios para una cuenta propia en Twitter, y doy fe que funcionan: brindan exactamente lo que prometen, un resultado mágico e instantáneo.

Esta suerte de mercado negro de seguidores de Twitter nos hace preguntarnos qué validez o transparencia existirá detrás de los abultados números de seguidores de algunas cuentas, así como también detrás de los resultados de algunas “exitosas” campañas publicitarias. No sólo pueden comprarse seguidores de Twitter, sino también fans para páginas de Facebook o visualizaciones en YouTube. Quizá por el momento la única red social libre de estas actividades y con números confiables es Google Plus.

Defensores y detractores

Los defensores de la compra de seguidores y fans generalmente basan sus argumentos en la ley de la prueba social, según la cual es más factible que una persona adhiera a una idea si comprueba que ya muchos otros la han adoptado. De esta forma, un usuario de Twitter será mucho más propenso a seguir a una cuenta con una gran cantidad de seguidores que a una que tiene tan sólo unos pocos, independientemente de si esos seguidores son reales, cuentas “fake” o los famosos “bots”. Esta ley psicológica efectivamente se verifica en redes sociales.

Por otra parte, otros argumentan que es más importante la calidad de los seguidores que la cantidad. ¿De qué sirve una gran cantidad de seguidores, si sólo se trata de cuentas fantasma que no participan, no retwitean, ni responden? ¿No es preferible trabajar para brindar contenido de calidad y obtener una respuesta genuina?

En cualquiera de los dos casos, lo que está claro es que el dato de seguidores o fans ya no puede considerarse único dato relevante a la hora de estimar el éxito de las actividades publicitarias, sino más  bien otras métricas más concretas como la interacción, la cantidad de visitas y conversiones que obtenemos a través de redes sociales. Probablemente la compra de seguidores sólo resulte eficaz mientras la mayor parte de los usuarios ignore su existencia, los medios confíen en los números deslumbrantes, y siempre y cuando sea acompañada por una activa y genuina producción de contenido, que atraiga usuarios más acordes a nuestro target.

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