A medida que Internet encuentra su identidad y desarrolla sus especificidades, se distingue cada vez más de los medios tradicionales. Surgen, así nuevos modelos de negocios y campos de desempeño laboral. Uno de los grandes cambios y que distingue a Internet de otros medios o canales de comunicación es el nuevo rol del usuario, que, como tal, desempeña un papel mucho más activo que el espectador o el lector.

Web 1.0 y Web 2.0

Para distinguir el pasaje del Internet hecho a la manera de un medio tradicional al Internet interactivo, se suelen usar las expresiones Web 1.0 y Web 2.0, metáforas de un cambio que involucra no sólo aspectos tecnológicos, sino también en la manera de entender el medio online, usos y hábitos.

La interactividad supone feedback, una retroalimentación de la comunicación. Los usuarios pueden calificar y comentar contenidos, de forma tal que podemos tener información inmediata acerca de sus gustos e intereses, y actuar en consecuencia, a la manera de un rating televisivo minuto-a-minuto, con la diferencia sustancial de que Internet no sólo provee información cuantitativa (datos estadísticos como cantidad de visitas o cantidad de comentarios), sino también información cualitativa (cómo ha sido interpretado nuestro mensaje, emociones que suscita).

Jeff Howe y el crowdsourcing

Pero claro que esto no es todo. Uno de los primeros en señalar la importancia capital de este fenómeno fue Jeff Howe, editor de la revista Wired. En su libro Crowdsourcing, explica el desarrollo de Internet como un medio de canalizar el trabajo de las multitudes conectadas a través de medios online. En este caso, los usuarios no sólo proveen información sobre ellos mismos, sino que pueden desempeñar un papel mucho más activo, produciendo contenido pago, de forma tal que un sitio web puede funcionar a la manera de una tienda online, sirviendo de mediador en las transacciones comerciales. A este modelo se lo conoce justamente como crowdsourcing o tercerización masiva.

El usuario productor de contenidos

La apelación al usuario como productor de contenidos tiene claras ventajas: el usuario es una fuente inagotable, y permite que las bases de datos crezcan exponencialmente a un ritmo antes impensado. Si bien Howe restringe el uso del vocablo crowdsourcing a ciertas actividades puntuales de tercerización, lo cierto es que puede considerarse para referirse al modelo oculto detrás de todo buscador, marketplace, wiki, sitio de descargas o red social. En suma, a todo sitio web que no produzca sus propios contenidos.

El imperio de las interfaces

Si el contenido de un sitio web es producido por los usuarios, su función queda limitada a la de una interfaz. La interfaz hace posible la interacción, y la condiciona permanentemente. Por eso, su arquitectura cumple un papel fundamental en el desarrollo de cualquier software.

Los sitios web más visitados del mundo son interfaces. Las empresas que los administran no producen contenido, sino que nos permiten acceder al contenido de otros sitios web, o a contenido producido por otros usuarios. Las redes sociales son el mejor ejemplo de cómo esto puede ser posible, ya que poco nos interesa lo que Facebook tenga para decirnos, sino lo que nuestros amigos y conocidos han publicado.

Al respecto, Carlos Scolari hace un muy interesante análisis del papel que cumplen las interfaces en el mundo digital en su libro Hacer clic: hacia una sociosemiótica de las interacciones digitales, en el que cuestiona la supuesta transparencia de las interfaces, demostrando sus aspectos semióticos y cognitivos. Toda interfaz educa a su usuario, y el conjunto de interfaces digitales han ya educado a los usuarios brindándoles una suerte de sentido común tecnológico. Aunque exista una tendencia a recurrir al usuario como productor de contenidos, no hay que desmerecer, de ninguna manera, el papel de las interfaces.

El usuario difusor de contenidos

El trabajo del usuario no sólo es aprovechado hoy en día como fuente de información de mercado y de contenido, sino también como un mecanismo difusor, a través de redes sociales y lo que se conoce como viralidad. En estos casos, no menos importante es el papel que cumplen las interfaces, ya que su diseño puede alentar o desalentar el sharing.

Es interesante destacar que un usuario seguramente tendrá más interés en compartir un contenido propio que uno producido por otra persona, o por una empresa. Darle la posibilidad de producir algo y compartirlo es un excelente camino de acción que ya ha sido puesto a prueba exitosamente en campañas publicitarias y se trata, simplemente, de darle al usuario una posibilidad que siempre le ha sido negada: la de ser parte del medio.

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