Días antes de las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016, varias noticias falsas que beneficiaban a Donald Trump frente a Hillary Clinton se viralizaron en Facebook y otras redes sociales.

Entre las que alcanzaron más difusión, se encontraban una en la que se afirmaba que el Papa Francisco I había manifestado su apoyo a Trump, y otra en la que se daba a conocer que un agente del FBI que había participado en la investigación de los emails de Hillary Clinton había sido encontrado asesinado. Ambas informaciones son completamente falsas y fueron publicadas en varios blogs, así como también sitios web con apariencia de periódicos reconocidos, como el Denver Guardian, un periódico inexistente.

Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, afirmó públicamente que considera “absurdo” creer que las noticias falsas hayan influido en la elección, ya que conforman una muy pequeña parte de la información disponible en internet. Sin embargo, es claro que no todas las noticias tienen el mismo peso, y aquellas que han sido especialmente diseñadas para alterar la opinión pública son siempre impactantes y tienen un efecto psicológico mucho más importante. Son, además, difundidas obsesivamente y a través de campañas publicitarias pagas por quienes las han creado.

Por si esto fuera poco, cuando noticias falsas adquieren viralidad, la corrección y desmentida de la noticia suele no sólo llegar mucho después, sino también con mucho menos alcance. De manera que la mentira puede tener un impacto considerable, especialmente en momentos clave como los días previos a una elección.

En el caso concreto de estas elecciones presidenciales, de analizar la información estadística se desprende que en los días previos a las elecciones, las noticias falsas más populares han tenido más alcance e interacciones que las noticias reales más populares.

 

 

El fenómeno del astroturfing

La creación y difusión de noticias falsas pertenece al mundo del astroturfing: la falsificación de la realidad social con objeto de influir sobre la opinión pública. Es un problema que siempre ha existido en los medios de comunicación, pero Internet y las nuevas tecnologías en particular, junto al fenómeno de la viralidad, han potenciado este fenómeno como nunca antes se ha visto.

Incurrir en técnicas de astroturfing involucra muy diversas actividades: además de las noticias falsas, es posible comprar reviews falsas, comprar backlinks o enlaces entrantes a sitios web para mejorar el posicionamiento en buscadores, comprar seguidores Twitter o para otras redes sociales, comprar tráfico web artificial y un largo etcétera.

Internet no sólo permite crear un medio de comunicación rápidamente, sino también alcanzar a una audiencia global en instantes. No existe ninguna barrera que impida a cualquier persona difundir información falsa, y en las redes sociales los contenidos que alcanzan viralidad no son necesariamente los más útiles o beneficiosos, sino los más impactantes.

Lo más preocupante es que, en numerosas oportunidades, incluso medios reconocidos y de primera línea se han hecho eco de información falsa difundida en blogs y sitios web creados por astroturfers. Cuando la información es corroborada y encontrada falsa, lo más común es simplemente incluir una pequeña nota de actualización o aviso al comienzo o al final de la noticia, indicando que lo dicho ha sido desmentido. Por supuesto, no parece suficiente.

 

 

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